No puedo, miro la luna, pero no la veo. Mis ojos no pueden ver sino oscuridad, un simple y negro abismo del que no se intuye un fondo.

Y es que sin ti nada queda. Todas las imágenes se borran, dando paso de nuevo a ese foso de tristeza, ese foso que aquel día tú copaste con un solo beso y que, aunque aun no sea así, tengo miedo que vuelvas a vaciar. Porque no, no soy perfecto, de hecho de cada tres frases que digo cuatro son idioteces, pero si algo puedo decir sin dejar clara mi naturaleza de idiota es que te amo.

No. No quiero otros labios. No quiero otra piel que me roce ni otros ojos que me miren. No quiero otro perfume ni otra voz que al oído me diga lo mucho que me ama. Quiero tu voz, quiero tu mirada y tu perfume. Que cada mañana me despierte viendo tu pelo en el otro lado de la almohada, que cada noche me des un beso, o un millón, y durmamos abrazados.

Quiero que esto sea eterno, que cuando llegue el fin pueda tomar tu mano y caminar hacia él juntos. Y se que, de ser así, seria sin miedo alguno, pues sé que ni la propia muerte podría separarnos.

Porque sé que una vida contigo vale más de mil millones de vidas sin ti. Vivámosla.

Te quiero.