Hoy te tengo que pedir perdón, no un perdón cualquiera sino el perdón más sincero que nunca he podido pedir. Te he hecho daño aun tratando de evitarlo y te he herido probablemente como nadie lo había hecho. Y no es por mi culpa, muchas veces no se tiene que pedir perdón por las palabras de uno mismo o por los hechos del sujeto sino por los que acontecen a su alrededor.

Hoy debo de confesarte que en ningún momento desde que te he tenido he deseado herirte, cual tesoro te he tratado de defender pero a veces las inclemencias del tiempo hacen que toda protección sea poca. Porque aunque tengamos nuestros más y nuestros menos has marcado una etapa de mi vida, la cual no sé si llega a su fin tras esto o solo se ha pulsado el botón de pause, aunque me temo mucho lo primero yo espero que esta “carta” sirva para que lo pienses dos veces.

Hoy me gustaría tenerte a mi lado, como amiga o como sea. Tenerte aquí porque no ha habido un solo momento en que no me fascinase tu personalidad, dura y frágil al mismo tiempo. Porque tienes tus pequeños defectos, pero son los defectos lo que hacen grandes a las personas. Si no existiese la tristeza entonces no sabríamos lo que es la felicidad, si no existiesen los defectos no sabría que tu eres casi-perfecta.

Hoy, ayer y mañana te pido perdón pero también te doy las gracias. Hace unos días hizo 2 años que todo esto comenzó y sinceramente he vivido unos tiempos dorados en mi historia, un fragmento de mi vida que no quiero borrar y que siempre recordaré con un sabor muy dulce. Gracias a tus sonrisas, tus palabras de cariño y tu apoyo he pasado un tiempo inolvidable y es por eso que debo darte las gracias.

Y te escribo aquí porque no sé donde encontrarte, porque sé que ahora mismo me estarás odiando en tu habitación y echandome mil maldiciones o a saber que, pero necesito que sepas que si te herí no fue queriendo y que lo siento mucho, ya que no podía dormir si no te lo digo.

Lo siento, una vez más. Perdón por causarte este dolor que nunca busqué para ti…