Es increíble lo que un simple y misero deporte( Aunque después de esto creo que hay que reconocer que es mas que un deporte) puede llegar a hacer.


Situémonos: 11 de Julio de 2010. 18:00 de la tarde. Plaza de las américas. Granada

Hoy se disputará una batalla. No una cualquiera. En esta no va a haber espadas como en las guerras medievales, tampoco soldados armados hasta los dientes… en esta guerra peleaban 11 contra 11… sin armas, solo el talento y un balón, un partido para el recuerdo de 45 millones de españoles y otros cuantos millones de holandeses estarían pendientes de 2 horas de fútbol, del mejor partido del mundo en lo que probablemente sería el mejor partido de la historia… hasta dentro de 4 años.

Yo había quedado a las 6 en punto en la plaza de las Américas de aquí, de Granada, con unos cuantos amigos. Nos íbamos a ir a ver el partido a una carpa que montó aquí un periódico local (Ideal) y como era fácil de ver, la carpa iba a estar llena con lo que quedamos 2 horas y 30 minutos antes para pillar un buen sitio. Y madre mía, un buen sitio pillamos pero que también pillamos un calor terrorífico: 43ºC ni mas ni menos.

Tras dos horas esperando el partido comenzó… y lo que pintaba que iba a ser el mejor partido de la historia se empezó a tornar en una partida de street fighter. Los holandeses solo se dedicaban a dar patadas a los maltrechos jugadores de nuestra selección.

Fue un partido muy duro, pero si ya fueron duros los 90 minutos… los 30 minutos restantes (por la prorroga) no fueron menos. A falta de 4 minutos para los temidos penaltis Andrés Iniesta transformó una sobresaliente jugada en un tanto a favor de nuestro país… lo que nos hizo campeones del mundo.

Saltos, gritos, lagrimas que no eran precisamente de pena, gritos de nuevo, banderas rojigualdas ondeando, abrazos y muchos sentimientos entrecruzados. Besos de película y abrazos que mas quisieran los actores poder mostrar los mismos sentimientos que todas estas personas. Lo habíamos logrado, eramos campeones del mundo… y así lo dijo el arbitro en cuanto tocó el silbato.

Salimos de ahí… mas de uno portaba alguna que otra lagrima de emoción. Respecto a la celebración… espectacular. Es hermoso lo que un simple balón entre mallas puede hacer a la gente. Ese sentimiento de unidad es difícil de experimentarlo en otra situación. La gente daba saltos, cantaba “Yo soy, español español español” y cuando llegamos al río Genil pude ver como no era yo el unico que había pensado tirarse al río si ganaba españa y no había fuentes con agua. Cientos de personas se tiraban al río ya fuese desde el puente o desde el embarcadero. Les daba igual la suciedad del agua, había ganado españa, motivo suficiente para pegarse un chapuzón. Un chapuzón con sabor a victoria. Un chapuzón que daba comienzo a una noche que mas de uno no quiso que terminase pero que, como todas, terminó con un amanecer, pero esta vez era diferente, este amanecer nos traía un trofeo, un sentimiento que nos unia a todos. Porque gracias a ese gol de Iniesta el país se unió, aunque solo fuese momentaneamente, aunque solo fuese una noche, el país se había sentido bien.

Y entonces la gente sonrío al recordar la larga noche de felicidad y el amanecer de sonrisas que había provocado.