Olimpiapark

Si, si, ya lo sé, van 6 meses de 2016 y no he escrito una mierda. La única entrada de mi blog en este año ha sido un video de una película con un monólogo un tanto dramático, pero si me seguís en Twitter sabéis que no está siendo mi mejor año y, la verdad, no quiero llenar esto de lloriqueos como antaño. Y si me seguís en Twitter, probablemente también estéis al corriente de que gracias al programa Erasmus+ he estado los últimos meses en Munich. Ahora que ya se ha terminado esta experiencia, voy a romper el silencio que reina en mi blog y a contaros cómo ha sido vivir durante los últimos 3 meses en la capital bávara. Primero de todo os pongo en situación. Para conseguir una beca Erasmus+ primero tuve que pasar unas pruebas que evaluaban mi capacidad de integrarme en un entorno laboral y mis capacidades para hablar inglés. Tras estas pruebas, se hizo una lista para repartir las 5 plazas que había, lista en la cual yo ocupaba el puesto 5. Tras esto tenía que buscar una empresa dispuesta a acogerme como estudiante de prácticas por los meses, puesto que la empresa con la que habían trabajado años anteriores era de Gliwice, una ciudad industrial de Polonia cercana a Katowice. Aquí tuve suerte una vez más y, tras muchos e-mails enviados a diferentes empresas de Alemania y Francia, la empresa Weptun, especializada en desarrollo de aplicaciones para dispositivos móviles y con sede en Munich, se ofreció a acogerme durante los tres meses que durarían mi estancia. Ya estaba casi todo hecho, ahora solo quedaba aprobar, que tampoco fue una tarea fácil y que me permitió mantener el suspense durante el mayor tiempo posible. Y así, tras un final de trimestre entre el aprobado y el suspenso, el día 11 de Marzo partía en la madrugada hacia la capital de Baviera, con cierta incertidumbre pero con ganas de ver que me deparaba esta aventura.

Durante los primeros días de mi estancia en Munich prácticamente no hice otra cosa que estar en el Hall del hotel en el que me hospedaba buscando un apartamento, algo que no fue nada fácil. En Munich hay un serio problema con la vivienda y es realmente complicado encontrar un sitio que esté suficientemente cerca como para moverte usando el transporte público sin estar horas encerrado en un tren. Por suerte encontré una habitación para un mes en una residencia de estudiantes, de manera que ganaba algo de tiempo para seguir con la búsqueda y podría estar más tranquilo.

Estando aquí apareció en mi Facebook un evento organizado por Interantional Friends Munich (o como se llame) en el que proponían un picnic en el English Garden, un parque que hay en el centro de la ciudad y que, sin duda, es perfecto para este cometido. Así pues, decidí ir y conocí a Levi y Samuel, además de a Catarina (aunque con ella no es que hablase mucho este día).

Mientras tanto, en el trabajo las cosas iban muy bien. Se me asignó un proyecto y, contra todo pronóstico, era capaz de sacar adelante las tareas derivadas de este, aunque con mucha investigación de por medio, todo sea dicho.

Munich es una de las ciudades más importantes de Alemania y la más importante del sur de Alemania, por lo que los conciertos de grupos de metal son muy comunes y yo he tenido la suerte de estar en un periodo en el que muchas de mis bandas favoritas han tocado en la ciudad. Durante estos tres meses he tenido la suerte de ver a Deafheaven, Myrkur, Amorphis, Thränenkind, Heretoir, We Butter The Bread With Butter, Varg, Iron Maiden, Slayer, Anthrax, Gojira y Toundra. Este último concierto acabó convirtiéndose en una de las noches más bizarras de estos meses y, probablemente, una de las más bizarras de mi vida.

En el concierto de Toundra acabé de fiesta con algunos de los componentes, además de tener la oportunidad de charlar con Alberto, el bajista que además es compañero de profesión (Desarrollador web). La noche acabó con un alto porcentaje de vena en alcohol, con mis llaves en la sección de objetos perdidos de una discoteca y conmigo en el coche de una gente que acababa de conocer y a los que pedí que me acercasen a mi calle… pero que me acabaron dejando en la otra punta de la ciudad, donde si que me dejaron un sofá para descansar unas horas.

Además he tenido la oportunidad de ir a dos grandes capitales europeas: Viena y Berlin.

El viaje a la capital austriaca fue motivado por el hecho de que Solstafir, otro de mis grupos favoritos, iba a tocar ahí. Tras un viaje de 6 horas y un día entero viendo el hermoso palacio de Hofburg, Solstafir pusieron la guinda al día con un directo de 2.30h en el que además conocí a Leo, un estudiante austriaco muy buena gente. Al día siguiente fui a Belvedere, un palacio en el que se encuentra una extensa galería de arte y en el que pude ver con mis propios ojos El Beso de Gustav Klimt, un cuadro realmente precioso. La colección de arte es excelente y, pese a no tener mucha idea sobre la materia, disfruté viéndola. Por su parte, el viaje a Berlín, que he hecho en mis últimos días en Alemania, ha estado acompañada por mi querida amiga Claudia, la cual cuando le dije que iba a pasar mis últimos días en Berlín compró un billete y se decidió a acompañarme. La ciudad cumplió con todas las expectativas y la visita me permitió conocer no solo los grandes monumentos de la ciudad o el Tiergarten, sino que también me ha permitido conocer a algunos de mis ídolos de la LCS. Esta visita es totalmente obligada si os gustan los e-sports, puesto que el ambiente que se siente en el evento es genial.

Ayer fui a ver la #LCS y salí en el streaming xD Una foto publicada por Nebirous JävlaKärlek (@nebiroussznd) el

Por último, tampoco puedo olvidar la visita a los castillos de Neuschwanstein y Hohenschwangau o al campo de concentración de Dachau, visitas que realmente merecieron la pena y en las que además pude disfrutar de la compañía de mi familia.

No os voy a engañar, el tiempo que he estado viviendo en Munich no se me ha hecho corto. Problemas como el de la vivienda, que me obligó a vivir durante una semana en la planta superior de la oficina, o mi estado de ánimo, que se vio afectado por el estrés en algunos momentos, han hecho que la experiencia no haya sido un camino de rosas, pero sin duda los conocimientos aprendidos y la madurez adquirida han merecido la pena.

Me despido de Munich sabiendo que he aprendido una gran cantidad de cosas, he vivido algunas experiencias inolvidables y he madurado como nunca lo habría podido hacer si no me hubiese enfrentado a esta situación. Ahora ya sé lo que es vivir fuera de mi país, solo y en un sitio en el que tu idioma no es el que todo el mundo utiliza (viéndote obligado a utilizar el inglés, como ha sido el caso).

Todos estos aspectos no tienen precio y son los motivos por los que ésta experiencia ha merecido tanto la pena.