Y Así: piel contra piel, poro contra poro, dudo que esta flor pueda volver a marchitarse.

Y sí, tal vez perdí la perspectiva con el tiempo.

No sé si fui yo quien se marchó o tú quien se quedó.

Y tal vez, cuando los cerezos florezcan en mi propio Macondo,

negro y cautivo, pueda volver a buscarme en las constelaciones de tu espalda  o en el centro del pecho,

donde todos guardamos nuestro abismo.

Hincando las corneas.

Voy a hacer de tripas corazón con otra canción inofensiva.

Y a despertar, a aprender a vivir entre la carne y el deseo,

y descansar, dejar la sangre correr.

Y apreciar lo efímero de las cosas.

– Viva Belgrado. Gracias.

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